En el marco del Día Internacional de la Mujer, desde el programa «Desafío Mujer Rural», una iniciativa del Instituto de las Mujeres
, nos unimos al llamamiento global de las Naciones Unidas «Derecho, justicia y acción» para todas las mujeres y niñas. Porque es necesario y prioritario alzar la voz y poner fin a las brechas tan marcadas que aún persisten de forma significativa en el medio rural de España.
Hoy, 8 de marzo, el mundo se une bajo un lema que resuena con especial fuerza en el medio rural: la urgente necesidad de invertir y apoyar a las mujeres para acelerar el progreso global. En este escenario, las mujeres del medio rural emergen no sólo como figuras de arraigo, sino como verdaderas impulsoras de innovación, sostenibilidad y cambio social, desafiando las barreras históricas de género y territorio. Invertir en las mujeres del medio rural no es solo un acto de justicia, sino que es la estrategia más eficiente para combatir la despoblación y garantizar la seguridad alimentaria y la cohesión social de todo el país.
El Instituto de las Mujeres elabora de forma mensual un informe denominado «Mujeres en cifras»
, un sistema de indicadores de referencia que analiza la realidad de las mujeres en las diversas esferas sociales. Este repositorio cuenta con cerca de 400 tablas estadísticas que ofrecen una radiografía precisa sobre la evolución de los derechos consolidados y los desafíos pendientes en materia de igualdad.
Mientras las Naciones Unidas advierten que el progreso hacia la igualdad efectiva requiere una inversión decidida en políticas de protección social y empoderamiento económico, iniciativas como Desafío Mujer Rural demuestran que el cambio ya está ocurriendo. En los municipios de menor tamaño, las mujeres están liderando la transición hacia economías más verdes y digitales, transformando la identidad de la «España Rural» en una de vanguardia y oportunidad.
El empoderamiento en el medio rural actual pasa necesariamente por la digitalización. Las emprendedoras rurales están rompiendo el aislamiento geográfico mediante el uso de herramientas tecnológicas que les permiten proyectar sus negocios —desde la artesanía y el turismo hasta la agrotecnología— hacia mercados globales.
Sin embargo, el éxito de estos proyectos no solo depende de la conectividad, sino de la creación de redes de colaboración. El 8 de marzo es una fecha para celebrar esa sororidad técnica: el intercambio de saberes entre mujeres que, desde diferentes puntos de la geografía, comparten el objetivo común de vivir y prosperar en su territorio con autonomía y dignidad.
El mensaje es claro: para que el progreso sea real, debe incluir a todas las mujeres y niñas, especialmente a aquellas que enfrentan discriminaciones múltiples. El empoderamiento femenino en el medio rural es la respuesta más resiliente ante los desafíos globales actuales, desde el cambio climático hasta la crisis demográfica. Por eso este 8 de marzo, celebramos a las que cuidan la tierra, a las que innovan en sus talleres, a las que gestionan cooperativas y a las que deciden, cada día, que su entorno no limite su potencial. Porque cuando una mujer rural emprende, no solo crece su negocio: se fortalece su comunidad, se preserva el patrimonio y se construye un futuro más justo para el conjunto de la sociedad.
Este 8 de marzo de 2026, únete a mujeres y niñas de todo el mundo para exigir la igualdad de derechos y también de justicia para que esos derechos se cumplan, ejerzan y disfruten.


